El concepto competencia es un término POLISEMICO, ya que puede tener infinidad de acepciones, en el presente análisis encontramos la noción del término articulado a dos constructos educativos fundamentales: las situaciones de aprendizaje y el aprendizaje significativo.
La educación por competencias como tal tiene su origen en el mundo del trabajo, desde hace más de una década en diversos países del mundo se ha tratado de implementar el enfoque de competencias también en el ámbito académico.
Se esta viviendo una época de grandes e intensos cambios tecnológicos que están reconfigurando radicalmente los mundos socioeconómicos en los que operan las competencias y los ciudadanos del siglo XXI deben adaptarse a esta nueva realidad.
Actualmente se reconoce que una ideología de la competencia académica, esta siendo desplazada por otra: la de la competencia operativa del mundo del trabajo. Esto significa que el interés de la sociedad se inclina hacia formas de conocimiento que tienen un valor de uso en el mercado del trabajo.
No obstante la realidad y el peso especifico de esta circunstancia, las instituciones tendremos que reflexionar entre la diferencia fundamental que existe entre la competitividad operativa propia del mundo de la empresa y la competencia cognitiva en el ámbito propio del mundo académico, al buscar en éste último una mejor articulación entre los objetos de estudio y los objetos socio-profesionales, es decir de la praxis del conocimiento.
En función de este comentario podemos asegurar que los dos tipos de competencia no deberán se tan diferentes, esto con el acercamiento de una competencia operativa reflexiva y una competencia cognitiva cercana al contexto de uso de los aprendizajes.
Es conveniente para el mundo académico entender y concebir la noción de competencia en un sentido más amplio y profundo que solo aquel que ofrece su origen operativo y empresarial, ya que según algunos autores humanistas el desarrollo de las competencias debe incorporar la dimensión colaborativa y humana tanto en el ámbito del trabajo, como en el ámbito educativo.
En los modelos con enfoque de competencias se debe reflexionar de fondo para lograr un equilibrio entre las competencias operativas y las competencias cognitivas, de tal forma que tanto en los campos de la capacitación se asuman mecanismos inteligentes y éticos para vivir, y procesos para lograr la eficiencia en los diferentes puestos de trabajo, en otras palabras que se aprenda para la vida tanto en el ámbito educativo como laboral.
No se debe sacralizar el modelo operativo empresarial, desarticulado de la reflexión teórica, ya que en el modelo de competencia cognitiva demanda la comprensión de la realidad con toda su complejidad.
Los esquemas educativos habremos de re-significar la noción de la competencia para que tome un significado más académico que vincule los marcos referenciales teóricos del estudiante con la acción misma en que se ponen en juego estos saberes.
Las competencias operativas siempre se han asociado con actividades de capacitación, y las cognitivas con actividades educativas, pero en esencia educar y capacitar no deberían e ser dos términos tan alejados
Tanto capacitar como educar son dos conceptos que tienen que contemplar el aprender a aprender, el aprender a hacer, el aprender a ser, y el aprender a pensar. Aprender información y aprender a aprender pueden ser procesos que dependan de la tarea del individuo y en ella se centren. En cambio, aprender a pensar es un proceso colectivo, que necesita de la interacción con el otro, por ejemplo, en los procesos de discusión, controversia y acuerdo.
En el mundo académico en general la idea de que el aprendizaje significa fundamentalmente que el estudiante incorpore a su acervo personal unos nuevos contenidos, deja fuera la dinámica propia del ser humano en tanto proceso de autoconstrucción de sí mismo.
En el mejor de los casos, se aprende algo cuando el sujeto asimila información de la realidad a determinadas estructuras en el cerebro que luego permiten, a partir de la evocación de esa información incorporada, comprender nuevas realidades.
Considerar los conocimientos como una realidad construida por el propio sujeto en el proceso mismo de aprenderla, exige, al común de los profesores, comprender niveles de complejidad cognitiva que ya no fácilmente entran en su dominio conceptual.
Quiero rescatar en este sentido el concepto de Pensamiento Complejo, en los términos de que la mediación del docente debe tener como objetivo el desarrollo del PC, ya que este es educable, es decir, sea como una actitud, sea como una habilidad, es algo que las personas podemos desarrollar.
La idea que presento de desarrollar al pensamiento complejo mediante el proceso educativo o mediante un proceso de capacitación, implica privilegiar el aprender a pensar, que, supera y también de alguna manera se contrapone a otros propósitos que ha tenido la educación; el de aprender a aprender, el de aprender información o el de aprender a hacer.
A continuación se hace un análisis del concepto “aprendizaje significativo”, en este sentido el concepto se analiza desde dos enfoques, en primer termino desde un enfoque propio de la psicología humanista-existencial, que afirma que el ser humano aprende significativamente solo aquello que percibe como necesario para la sobrevivencia o el desarrollo de si mismo, pero hay otras corrientes teóricas propias del constructivismo que conciben el aprendizaje significativo más bien en los términos de un aprendizaje donde los contenidos nuevos pueden ser asimilados a los viejos, dentro, siempre, de la estructura cognitiva del sujeto.
Estas posturas son distintas solo de forma aparente, se cree que ambas tienen como eje de su reflexión al sujeto y sus estructuras afectivo cognitivas desde las cuales entienden y resuelve la realidad.
Las virtudes de la acción y de la capacidad de esta para promover la construcción del conocimiento significativo, al poner en contacto directo el aparato cognitivo con los hechos mismos de la realidad, no debe perder de vista otros elementos fundamentales, tales como el discurso y las actividades verbales dentro del aula.
Otro concepto que se debe incorporar al análisis es el aprendizaje situado. Se entiende por situación de aprendizaje el ubicar los procesos mismos de enseñanza-aprendizaje de ciertos contenidos dentro de aquellas realidades que permiten la acción y a través de las cuales se pretende desarrollar determinadas competencias. En el concepto de aprendizaje situado, se debe considerar el sitio, el criterio de posible, si se tiene el interés, la pertinencia de la actividad de aprendizaje, etc.
Si nos preguntamos qué relación guarda el aprendizaje significativo con el situado, ya que pareciera ser que para distintos autores, al situar el aprendizaje dentro del interés del estudiante también y simultáneamente se está garantizando en alguna medida que tal aprendizaje sea significativo. Es fundamental el análisis y la reflexión de todos conceptos si deseamos realmente articular en un mismo proceso de enseñanza-aprendizaje las nociones: competencia, aprendizaje, aprendizaje significativo y aprendizaje situado.
Por último me permito hacer una reflexión en relación a la interrogante central de que si el aprendizaje es algo tan absolutamente trivial que se puede observar y medir con base en unas simples preguntas a propósito de unos contenidos cualesquiera.
Como respuesta se puede afirmar que el aprendizaje no se puede observar y medir con base a unas simples preguntas. Para evaluar el aprendizaje con enfoque de competencias deberán desplegarse métodos que permitan evaluar el aprendizaje desde sus tres componentes: Componentes cognitivos, procedimentales y actitudinales.
La evaluación de los aprendizajes debe servir para diagnosticar e intervenir, estimular, conocer cómo aprende, cuáles son sus dificultades, para mejorar el proceso de enseñanza, para conocer y mejorar las estrategias de aprendizaje, o para todo al mismo tiempo.
La evaluación de aprendizajes con enfoque de competencias es un proceso complejo pensado para el futuro, para conocer el grado de aplicación en situaciones diversas de los conocimientos adquiridos, por ello, el proceso evaluador consistirá en utilizar los mecanismos que permitan reconocer si los esquemas de actuación aprendidos pueden ser útiles para superar situaciones reales en contextos concretos.
Para evaluar competencias, será necesario utilizar técnicas y recursos diferenciados según el tipo de competencia y la situación-problema a resolver.
La educación por competencias como tal tiene su origen en el mundo del trabajo, desde hace más de una década en diversos países del mundo se ha tratado de implementar el enfoque de competencias también en el ámbito académico.
Se esta viviendo una época de grandes e intensos cambios tecnológicos que están reconfigurando radicalmente los mundos socioeconómicos en los que operan las competencias y los ciudadanos del siglo XXI deben adaptarse a esta nueva realidad.
Actualmente se reconoce que una ideología de la competencia académica, esta siendo desplazada por otra: la de la competencia operativa del mundo del trabajo. Esto significa que el interés de la sociedad se inclina hacia formas de conocimiento que tienen un valor de uso en el mercado del trabajo.
No obstante la realidad y el peso especifico de esta circunstancia, las instituciones tendremos que reflexionar entre la diferencia fundamental que existe entre la competitividad operativa propia del mundo de la empresa y la competencia cognitiva en el ámbito propio del mundo académico, al buscar en éste último una mejor articulación entre los objetos de estudio y los objetos socio-profesionales, es decir de la praxis del conocimiento.
En función de este comentario podemos asegurar que los dos tipos de competencia no deberán se tan diferentes, esto con el acercamiento de una competencia operativa reflexiva y una competencia cognitiva cercana al contexto de uso de los aprendizajes.
Es conveniente para el mundo académico entender y concebir la noción de competencia en un sentido más amplio y profundo que solo aquel que ofrece su origen operativo y empresarial, ya que según algunos autores humanistas el desarrollo de las competencias debe incorporar la dimensión colaborativa y humana tanto en el ámbito del trabajo, como en el ámbito educativo.
En los modelos con enfoque de competencias se debe reflexionar de fondo para lograr un equilibrio entre las competencias operativas y las competencias cognitivas, de tal forma que tanto en los campos de la capacitación se asuman mecanismos inteligentes y éticos para vivir, y procesos para lograr la eficiencia en los diferentes puestos de trabajo, en otras palabras que se aprenda para la vida tanto en el ámbito educativo como laboral.
No se debe sacralizar el modelo operativo empresarial, desarticulado de la reflexión teórica, ya que en el modelo de competencia cognitiva demanda la comprensión de la realidad con toda su complejidad.
Los esquemas educativos habremos de re-significar la noción de la competencia para que tome un significado más académico que vincule los marcos referenciales teóricos del estudiante con la acción misma en que se ponen en juego estos saberes.
Las competencias operativas siempre se han asociado con actividades de capacitación, y las cognitivas con actividades educativas, pero en esencia educar y capacitar no deberían e ser dos términos tan alejados
Tanto capacitar como educar son dos conceptos que tienen que contemplar el aprender a aprender, el aprender a hacer, el aprender a ser, y el aprender a pensar. Aprender información y aprender a aprender pueden ser procesos que dependan de la tarea del individuo y en ella se centren. En cambio, aprender a pensar es un proceso colectivo, que necesita de la interacción con el otro, por ejemplo, en los procesos de discusión, controversia y acuerdo.
En el mundo académico en general la idea de que el aprendizaje significa fundamentalmente que el estudiante incorpore a su acervo personal unos nuevos contenidos, deja fuera la dinámica propia del ser humano en tanto proceso de autoconstrucción de sí mismo.
En el mejor de los casos, se aprende algo cuando el sujeto asimila información de la realidad a determinadas estructuras en el cerebro que luego permiten, a partir de la evocación de esa información incorporada, comprender nuevas realidades.
Considerar los conocimientos como una realidad construida por el propio sujeto en el proceso mismo de aprenderla, exige, al común de los profesores, comprender niveles de complejidad cognitiva que ya no fácilmente entran en su dominio conceptual.
Quiero rescatar en este sentido el concepto de Pensamiento Complejo, en los términos de que la mediación del docente debe tener como objetivo el desarrollo del PC, ya que este es educable, es decir, sea como una actitud, sea como una habilidad, es algo que las personas podemos desarrollar.
La idea que presento de desarrollar al pensamiento complejo mediante el proceso educativo o mediante un proceso de capacitación, implica privilegiar el aprender a pensar, que, supera y también de alguna manera se contrapone a otros propósitos que ha tenido la educación; el de aprender a aprender, el de aprender información o el de aprender a hacer.
A continuación se hace un análisis del concepto “aprendizaje significativo”, en este sentido el concepto se analiza desde dos enfoques, en primer termino desde un enfoque propio de la psicología humanista-existencial, que afirma que el ser humano aprende significativamente solo aquello que percibe como necesario para la sobrevivencia o el desarrollo de si mismo, pero hay otras corrientes teóricas propias del constructivismo que conciben el aprendizaje significativo más bien en los términos de un aprendizaje donde los contenidos nuevos pueden ser asimilados a los viejos, dentro, siempre, de la estructura cognitiva del sujeto.
Estas posturas son distintas solo de forma aparente, se cree que ambas tienen como eje de su reflexión al sujeto y sus estructuras afectivo cognitivas desde las cuales entienden y resuelve la realidad.
Las virtudes de la acción y de la capacidad de esta para promover la construcción del conocimiento significativo, al poner en contacto directo el aparato cognitivo con los hechos mismos de la realidad, no debe perder de vista otros elementos fundamentales, tales como el discurso y las actividades verbales dentro del aula.
Otro concepto que se debe incorporar al análisis es el aprendizaje situado. Se entiende por situación de aprendizaje el ubicar los procesos mismos de enseñanza-aprendizaje de ciertos contenidos dentro de aquellas realidades que permiten la acción y a través de las cuales se pretende desarrollar determinadas competencias. En el concepto de aprendizaje situado, se debe considerar el sitio, el criterio de posible, si se tiene el interés, la pertinencia de la actividad de aprendizaje, etc.
Si nos preguntamos qué relación guarda el aprendizaje significativo con el situado, ya que pareciera ser que para distintos autores, al situar el aprendizaje dentro del interés del estudiante también y simultáneamente se está garantizando en alguna medida que tal aprendizaje sea significativo. Es fundamental el análisis y la reflexión de todos conceptos si deseamos realmente articular en un mismo proceso de enseñanza-aprendizaje las nociones: competencia, aprendizaje, aprendizaje significativo y aprendizaje situado.
Por último me permito hacer una reflexión en relación a la interrogante central de que si el aprendizaje es algo tan absolutamente trivial que se puede observar y medir con base en unas simples preguntas a propósito de unos contenidos cualesquiera.
Como respuesta se puede afirmar que el aprendizaje no se puede observar y medir con base a unas simples preguntas. Para evaluar el aprendizaje con enfoque de competencias deberán desplegarse métodos que permitan evaluar el aprendizaje desde sus tres componentes: Componentes cognitivos, procedimentales y actitudinales.
La evaluación de los aprendizajes debe servir para diagnosticar e intervenir, estimular, conocer cómo aprende, cuáles son sus dificultades, para mejorar el proceso de enseñanza, para conocer y mejorar las estrategias de aprendizaje, o para todo al mismo tiempo.
La evaluación de aprendizajes con enfoque de competencias es un proceso complejo pensado para el futuro, para conocer el grado de aplicación en situaciones diversas de los conocimientos adquiridos, por ello, el proceso evaluador consistirá en utilizar los mecanismos que permitan reconocer si los esquemas de actuación aprendidos pueden ser útiles para superar situaciones reales en contextos concretos.
Para evaluar competencias, será necesario utilizar técnicas y recursos diferenciados según el tipo de competencia y la situación-problema a resolver.
Hola Humberto que tal.
ResponderEliminarAl analizar tu publicación, estoy totalmente de acuerdo contigo, al manifestar que tenemos que poner más atención a la competitividad operativa propia del mundo de la empresa y la competencia cognitiva en el ámbito propio del mundo académico, al buscar en éste último una mejor articulación entre los objetos de estudio y los objetos socio-profesionales, es decir de la praxis del conocimiento, ya que queramos o no, estamos inmersos en un mundo cambiante, donde la comunicación y los conocimientos e investigaciones cambian aceleradamente, y no podemos ponernos a soñar, la realidad es que necesariamente hay que propiciar la competitividad.
Recibe un afectuoso saludo.
Atentamente.
Irma.